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Al Son de La Gomera

La Gomera es el único lugar del mundo de lengua hispana donde se conserva la Danza con décima cantada

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La música atraviesa nuestro cuerpo y llega al alma. Por eso engrandece al ser humano, porque es nuestra cultura. Por mucho que se toquen las chácaras y los tambores, no es lo mismo que la emoción metida dentro del baile durante las procesiones. Porque da la impresión de que se levanta el cuerpo, sobre todo dentro de la iglesia, donde el eco es especial. Están ligadas a las fiestas de los municipios y no se descarta que este son hubiera permanecido desde la época de los aborígenes de La Gomera, al que los castellanos unieron las décimas. De hecho, La Gomera es el único lugar del mundo de lengua hispana donde se conserva la danza con décima cantada, que se hereda de padres a hijos e hijas, y cada familia aprende una décima que es la que se repite de generación en generación ante la imagen venerada.

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En el baile del tambor hay dos mundos: quienes tocan  el tambor y quienes tocan las chácaras. Los primeros se abstraen cantando y tocando el romance de su familia, mientras que en las chácaras se produce el desafío. Los hombres se miran y se desafían a ver quién aguanta más tocando las chácaras con una mujer bailando, lo que no es nada fácil. El tambor lleva el ritmo y no hay que perderlo, así que, como son una chácara en cada mano, una repica y la otra lleva el ritmo del tambor. Todo eso bailando.

El baile del tambor es participativo. Puede bailar todo el mundo que tenga una pareja siguiendo el ritmo. En el coro hay unas normas y no puede entrar cualquiera, pero la danza es para todo el que quiera.

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  • Fiesta de San Isidro en La Palmita, en Agulo.
  • Fiesta de Guadalupe, en Puntallana, San Sebastián de La Gomera.
  • Fiesta de las Rosas, en Agulo.
  • Fiesta de la Virgen del Buen Paso, en Alajeró.
  • Fiesta de la Candelaria en Chipude, Vallehermoso.
  • Fiesta de los Aceviños, en Hermigua.
  • Fiesta del Carmen, en Vallermoso.
  • Fiesta de San Marcos Evangelista, en Agulo.
  • El Ramo de Arure, en Valle Gran Rey.

Todas ellas se celebran en medio de la naturaleza exuberante de La Gomera desde hace más de 300 años, lo que provoca el asombro y la admiración de los senderistas que recorren la isla por sus senderos señalizados; y se las encuentran en medio de la calzada o los caminos entre los meses de abril y octubre. Comitivas de tambores y chácaras que acompañan a las procesiones durante kilómetros, incluso cuesta arriba, sin dejar de tocar y bailar. Pueden reunirse, de hecho, hasta 20 pares de chácaras y 10 pares de tambores, aunque lo normal es que sean algunos menos, pero siempre moviendo todo el cuerpo con el trance que provoca esta melodía especial que solo se escucha en La Gomera y que resuena en sus valles y barrancos.  

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En la familia de Ramón Correa se tocan las chácaras desde hace, que él recuerde, cuatro generaciones. “Cantaban y tocaban”, asegura, “y me dejaron de herencia el romancero, porque en La Gomera se duerme a los niños y niñas cantándoles romances”. Se cantan romances del romancero español del siglo XVII y XVIII, y cada familia tiene uno propio, que se han aprendido y se lo pasan de padres a hijos, ahora también a las hijas. “Sostengo que el ritmo es aborigen”, subraya Correa, “y que el romance está metido en ese ritmo, porque no hay palabras agudas al final del verso para poder seguirlo. Y creo que el tambor es aborigen también”.  La singularidad de este sonido se une al del lenguaje silbado de La Gomera, declarado por la UNESCO Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad. La isla es además Reserva de la Biosfera de la UNESCO y, a parte del Parque Nacional de Garajonay, posee 17 Espacios Naturales Protegidos que se pueden disfrutar en toda su inmensidad recorriendo sus más de 600 kilómetros de senderos o en los 35 miradores oficiales con los que cuenta este rincón del atlántico surcado por barrancos imposibles y jalonada por roques de leyenda. Así pues, es natural que su música tradicional eleve el espíritu tan alto como sus montañas.

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Es un instrumento de madera, pero de madera que perdure, ya que al tocarla se va descascarillando. La madera de moral es buena y hay todo un ritual porque ha de cortarse el árbol durante la luna menguante. Es muy importante que el árbol no tenga frutos. Una vez que se corta hay que dejarlo secar durante 2 o 3 años. También se utiliza madera de viñátigo, que se seca antes y es más liviana. El castañero, la caoba  y el barbuzano son otros árboles adecuados para crear las chácaras. “Conservo unas chácaras de Chipude que son de madera de hace 300 años. Es una reliquia de mi familia”, remata Ramón Correa, Romancero de La Gomera.