La Gomera es una isla pequeña en tamaño, pero enorme en carácter. Sus profundos barrancos, lomos y acantilados casi verticales son el resultado de millones de años de erosión sobre antiguos materiales volcánicos. Esa huella del tiempo se percibe con claridad en el GR 132, un sendero circular que recorre la franja costera y permite descubrir la isla desde el mar, enlazando paisajes naturales y culturales con una continuidad sorprendente. Partiendo de San Sebastián de La Gomera, el camino bordea el perímetro insular atravesando barrancos que actúan como corredores de vida y, al mismo tiempo, como fronteras naturales. El recorrido alterna ascensos y descensos constantes, lo que lo convierte en una travesía exigente, pero también muy completa: en pocos kilómetros pueden sucederse laderas abancaladas, pequeños caseríos, miradores naturales y tramos de costa de gran potencia escénica. A lo largo del sendero aparece un mosaico vegetal condicionado por la altitud, la orientación y la influencia del alisio. En sectores del norte y noreste se combinan áreas de pinar, palmerales y fayal–brezal, con vistas frecuentes hacia Tenerife y el perfil del Teide en días claros. En otros tramos, el paisaje se vuelve más húmedo y cerrado en las umbrías, mientras que en las laderas abiertas dominan formaciones más secas y soleadas, reforzando el contraste climático característico de la isla. El GR 132 no es solo naturaleza: también atraviesa paisajes agrícolas históricos, con bancales que trepan por las laderas y fondos de barranco fértiles donde se concentraron huertas y cultivos. Caminos tradicionales, plazas y elementos patrimoniales recuerdan la adaptación de las comunidades locales a un territorio abrupto, mientras que algunos enclaves costeros conservan vestigios de antiguas infraestructuras ligadas a la economía marítima y a la exportación agrícola. En el noroeste, la ruta se asoma a algunos de los paisajes más dramáticos de La Gomera, con acantilados, roques y laderas intensamente erosionadas. Hacia el sur, el ambiente se abre y gana luminosidad, predominando los matorrales costeros y los barrancos profundos con vistas continuas al Atlántico. En conjunto, el sendero ofrece una lectura integral de la isla: geología, vegetación, memoria rural y panorámicas marinas se combinan en un recorrido que revela La Gomera en toda su diversidad. El GR 132 es, en definitiva, una vuelta a la isla caminando por su borde más expresivo: una travesía larga y exigente, pero profundamente reveladora para comprender el paisaje gomero desde sus costas.