Este breve ramal del GR 131 conecta el casco urbano de Vallehermoso con su frente costero, ofreciendo un descenso progresivo desde el paisaje agrícola de medianías hasta el litoral norte de la isla. Con poco más de tres kilómetros y medio de recorrido, constituye una prolongación natural del itinerario principal hacia el mar. El trazado comienza en el núcleo urbano y, tras atravesar sus primeras calles en dirección a la costa, se desvía hacia el cauce del barranco. Una pequeña pasarela permite cruzar el lecho y adentrarse en un entorno donde el relieve y la agricultura tradicional configuran un paisaje de gran personalidad. Durante buena parte del recorrido, el sendero discurre paralelo al barranco, a los pies del imponente Roque Cano, uno de los hitos geológicos más reconocibles del municipio. Las laderas abancaladas, sostenidas por muros de piedra seca, evidencian siglos de aprovechamiento agrícola. Palmeras canarias, plataneras y pequeñas huertas salpican el fondo del valle, creando un mosaico fértil que contrasta con la verticalidad de las montañas circundantes. Este tramo permite comprender la estrecha relación entre la población local y el territorio, marcada por la adaptación a un relieve abrupto y a la disponibilidad del agua. En el tramo final, el camino vuelve a cruzar el barranco y se aproxima al litoral hasta alcanzar la Playa de Vallehermoso. Este enclave costero, habitado desde tiempos antiguos, desempeñó un papel relevante en la historia económica de la isla. Bajo los acantilados se conservan los restos de un antiguo pescante, infraestructura utilizada para facilitar la carga y exportación de productos agrícolas en épocas en las que las comunicaciones marítimas eran esenciales para la economía insular. La llegada al mar marca el cierre natural de esta derivación del GR 131 y ofrece la posibilidad de enlazar con otros itinerarios litorales. Este ramal combina paisaje rural, patrimonio etnográfico y memoria histórica en un recorrido breve pero cargado de significado.