La Gomera: una isla de leyenda

La Gomera: una isla de leyenda

Con el paso del tiempo las leyendas se han mezclado con otros elementos literarios introducidos en épocas posteriores a la colonización y se han transmitido de generación en generación. Uno de los lugares que ha generado la leyenda más famosa de la Isla es el Parque Nacional de Garajonay, que debe su nombre al amor imposible entre la princesa Gara y el príncipe Jonay. Este enclave mágico contiene elementos propios de las grandes historias, como son el paisaje nebuloso, el enigmático bosque de laurisilva o la intrincada orografía de la isla, todo enmarcado por el sonido de los vientos alisios.

puesta de sol Gomera

La historia de dos jóvenes aborígenes llamados Gara y Jonay

Cuenta una de estas leyendas que el agua que mana de la fuente de los siete chorros ubicada en los altos de Epina (Vallehermoso) es milagrosa. De esta fuente, se dice, que el agua es capaz de descifrar el destino amoroso de todo aquel que se mire en ella. Si el reflejo que le devuelve el agua es nítido y claro significa que esa persona será afortunada en el amor, por el contrario si el reflejo que percibe es turbio, será condenada al sufrimiento y al desamor.

Y es aquí donde la leyenda de los Chorros de Epina se mezcla con otra.

Todos los años, el día del “Beñesmén” (fiesta guanche de celebración del año nuevo que coincidía con la recogida de la cosecha y se honraba a los dioses), las jóvenes en edad casadera se acercaban a la fuente para ver que les deparaba el futuro en temas de amor. Un año, la joven Gara, Princesa de Agulo, se miró en la fuente para conocer su devenir y pese a que en un primer momento su reflejo se mostró nítido, rápidamente empezó a enturbiarse y a agitarse al mismo tiempo que asomaba un sol abrasador. El encargado de interpretar los símbolos mágicos advirtió: “Lo que ha de ser será. Huye del fuego Gara o el fuego te consumirá”.

Por esa época llegaron a La Gomera desde Tenerife los Menceyes (reyes de los guanches), acompañados de sus familiares y de otros nobles. Entre ellos se encontraba el Mencey de Adeje junto con su hijo Jonay. Desde el primer momento, Gara se prendó del apuesto joven y él no tardó en corresponderla. A los pocos días anunciaron su compromiso, pero en ese mismo momento el Teide, conocido como Echeyde (Infierno), empezó a escupir lava y fuego de forma tan brusca que era visible desde La Gomera.

Tenerife La Gomera

Es aquí donde el presagio del sabio tomó forma:

  • Gara, princesa de Agulo, lugar del Agua.
  • Jonay, príncipe de la Isla del Infierno, Fuego.

Este amor era un imposible. Las familias de ambos decidieron romper esta unión pensando que solo les traería desgracias, ya que atribuían la erupción del Teide a un enfado de los Dioses. Cuando el vínculo entre Gara y Jonay se rompió el volcán entró en calma nuevamente. Jonay volvió con su familia a Tenerife aunque no se resignó a perder a su amada e inflando dos vejigas de animal se echó a la mar en plena noche. Cuando las fuerzas le flaqueaban las dos vejigas le mantenían a flote y así al amanecer del día siguiente arribó a la costa de La Gomera y fue en busca de su amada. Y así juntos decidieron escapar al bosque de laurisilva. El padre de Gara en cuanto se enteró formó un grupo numeroso de hombres y fue en su búsqueda. No tardaron en encontrarlos, pero éstos en su afán de huir y no renunciar a su amor, decidieron subir al monte más alto. Cuando se percataron que no tenían escapatoria alguna tomaron la decisión de que preferían morir juntos que vivir separados, por lo que cogieron una vara de cedro y la afilaron por ambos extremos. Apretaron sus pechos contra las puntas y se fundieron en un abrazo eterno, mientras la vara se clavaba en sus corazones, de esta forma consiguieron estar juntos para siempre.

Hay muchas otras leyendas asociadas al nombre del Parque, nada se sabe de la procedencia real de esta leyenda. Realmente los hechos que se describen datan de una época aborigen aunque la tradición oral iniciada en la época romántica se sitúa en el siglo XVIII, cuando se pusieron de moda los cuentos amorosos o Romanceros.

Agando