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La Gomera es «Piedra». Mira los paisajes de una forma diferente.

La Gomera es «Piedra». Mira los paisajes de una forma diferente.

La Gomera es piedra, Piedra con mayúscula y sin complejos, abrumadoramente ígnea y rocosa. Su naturaleza pétrea está presente en todos los elementos de la isla, desde el paisaje esculpido por el lento e inexorable paso del tiempo hasta el modelado piedra a piedra por el hombre. Mirar la isla con los ojos atentos a este elemento nos hace sentir un profundo y ancestral pálpito que nos conecta con el pasado más remoto y con el origen de las cosas.

Olvida el tiempo, olvida el reloj y regresa a la nada. La forma de apreciar los detalles de La Gomera sólo se alcanza cuando la mirada puede albergar la cuna de una isla que empieza a nacer. Su pasado volcánico está presente en todo el paisaje, la acción de las lluvias, las olas del mar, la fuerza del viento, el frío intenso, el calor sofocante y la gravedad han estado unidos, durante millones de años, para modelar a la isla que estás pisando ahora. En cada paso, en cada mirada, puedes apreciar la herencia que nos ha dejado la fuerza de la tierra. Los Roques o La Fortaleza, con su imponente paisaje son una muestra indiscutible de ese poder que nos deja la naturaleza en forma de monumentos naturales.

Las convulsiones explosivas desde el interior de la tierra aportaron los materiales que después fueron alterados por la acción erosiva. Antes que aparecieran los humanos en el planeta el agua, dulce o salada, ya transformaba todo lo que tocaba, energía poderosa capaz de crear bellos saltos de agua que puedes observar en los días de lluvia, cascadas como la de La Vica, El Chorro y La Zula en Agulo, o los fértiles cauces de los barrancos como el Valle Gran Rey o Taguluche, infinidad de manantiales que garantizan el verde durante todo el año, y formidables acantilados costeros, con su referencia más elocuente en el Monumento Natural de Los Órganos. Las paredes y conductos naturales que salpican el paisaje insular tiene nombre propio: las “Taparuchas”, que parecen talladas por el hombre, pero no, son un raro vestigio de la emisión del magma, lava enfriada y solidificada bajo la superficie terrestre y que afloran ante nuestros ojos por efecto de la erosión.

Y llegó el hombre con su cultura… y con él su capacidad de adaptación al terreno. La piedra ha convivido con generaciones de isleños, creando una forma única de hacer las cosas, singular y creativa. Su protagonismo está presente en infinidad de elementos como en las construcciones de las viviendas y establos, los molinos, los paredones, los caminos, las eras. Su dilatada utilización se aprecia por doquier, piedra sobre piedra es como se ha ido conformando este paisaje de tanta belleza. Los bancales, dispersos por toda la isla son testigos la capacidad férrea del hombre para adaptarse a estos terrenos y cultivar la tierra desde tiempos remotos.

También las especies vegetales y animales, con su capacidad de supervivencia y adaptación, pueden permanecer y prosperar en cualquier parte de este territorio. Sus condiciones especiales han permitido que numerosas especies de plantas sean consideradas exclusivas de la isla. Trepando verticalidades imposibles o creciendo entre las piedras dando color y aumentando los contrastes ya existentes.

Uno de los reptiles más amenazados del planeta también se ha adaptado a estas condiciones, “el lagarto gigante de La Gomera”. Una especie endémica que se creía extinguida pero que se ha resguardado en los acantilados de Valle Gran Rey.

Hombre y naturaleza, unidos por el origen de las piedras, nos dejan su huella en cada paso e invitan al viajero a apreciar en detalle el legado que llevan consigo.

En la Casa Bencomo (San Sebastián de La Gomera) se puede visitar una completa exposición interpretativa denominada “La Memoria de las Piedras” que nos amplía información sobre el carácter geológico de la isla y su influencia en la vida de La Gomera.