El otoño en el Garajonay

El otoño en el Garajonay

El otoño en el Garajonay

¿Te gustaría ser protagonista de un cuento?

Entrar al Parque Nacional de Garajonay inevitablemente te hace sentir que formas parte de él, te atrapa en cada rincón que recorres… ¡¡y qué decir si lo haces en otoño!!
En otoño el bosque se hace eco de la naturaleza y empieza a cambiar. Aletargado desde el verano empieza a despertar vistiéndose de distintos tonos de verde con la llegada de las lluvias. La luz otoñal acompaña este escenario contagiando de un brillo especial a cada rincón, a cada liquen, a cada tronco, resaltando más, si cabe, los colores del parque. Con las primeras lluvias los hongos asisten a este espectáculo aportando su variado colorido, rompiendo el verde tan característico del Garajonay.

La laurisilva es un monte formado por árboles siempreverdes, no te encontrarás con una caída masiva de hojas como en otras especies y latitudes. Para deleite del senderista las hojas que tapizan los caminos son restos de hojas que se van acumulando año tras año, pintado el suelo de colores ocres y rojizos a la vez que lo enriquecen con su materia orgánica.
En el escenario del bosque nunca falta la niebla que aparece y desaparece en una danza llevada por la brisa, testigo de los vientos alisios que predominan en las islas.
Los viajeros a veces preguntan si es aconsejable caminar por el parque con niebla o con lluvia y la respuesta, sin dudar, es que no solo es aconsejable, ¡sino que es imprescindible! Especialmente en esta época del año se pueden disfrutar en su paso por el parque. Ellas son las responsables de la superviviencia de este bosque milenario y del suministro de agua de la isla. En las Islas Canarias apenas quedan cauces de agua permanentes discurriendo por los barrancos. La Gomera es una excepción. A tan sólo 300 kilómetros de distancia del Sahara, el mayor desierto del planeta, 5 cauces de agua discurren todo el año en Garajonay. El más caudaloso y espectacular es el riachuelo de El Cedro. Escuchar su cristalina agua recorriendo el monte y refrescarnos con su agua pura es sencillo. Tanto la ruta 2 como la 8 y la 9 del Parque Nacional nos conducen a este lugar emblemático, en el corazón del Garajonay. La ruta 9 nos lleva desde Contadero hasta el caserío de El Cedro, pasando por la ermita de Lourdes y su área recreativa, donde podremos descansar y refrescarnos. Este sendero de unos 6 kilómetros y desnivel medio, acaba en un salto natural de agua que alimenta durante todo el año a los cultivos agrícolas de la zona norte de la isla. A lo largo del camino podrás disfrutar de árboles endémicos del Garajonay como el viñátigo, el palo blanco y el laurel. Este último es el que le da nombre al bosque de laurisilva y si quieres reconocerlo tienes que observar sus hojas: junto al nervio central tienes que ver unas pequeñas glándulas y si puedes ver sus frutos son como unas aceitunas negras. ¡Ya has conocido al laurel!

Los cuentos que nos encantaban de pequeños siempre transcurrían en un bosque, con extraños sonidos de fondo, musgos y líquenes colgando de las ramas, con la niebla rozando  a los protagonistas y hasta podíamos imaginarnos los olores. ¿Y qué mejor que vivirlo ahora? Recorrer el parque en otoño te llevará a esos momentos de la infancia, verás que una sonrisa te acompañará en todo el paseo porque volverás a sentir ese cosquilleo cuando leías o te contaban alguna historia de niño.
¿Y para los pequeños de la casa? Para ellos es imprescindible, su imaginación se desborda con estos paisajes, cada metro del bosque es el escenario real que refleja lo imaginado. Historias de duendes y hadas escondidos entre los troncos caídos, entre las ramas enredadas de líquenes, con la niebla danzarina atravesando todo el entorno.
Sí, el Parque en otoño es otra historia, otro cuento de la infancia pero esta vez para vivirlo como protagonista.